soft liftEn el mundo, el 85% de los procedimientos estéticos son no quirúrgicos. Y la Argentina no es la excepción. Cada vez más hombres y mujeres recurren a la consulta con el objetivo de quitarse años, sin pasar por el quirófano. La medicina estética hoy ofrece dos alternativas válidas para generar un claro rejuvenecimiento de la piel sin recurrir a las cirugías: la toxina botulínica tipo A (reconocida mundialmente por su nombre comercial Botox®) y el relleno de ácido hialurónico (Juvederm).

Actualmente el 85% de los procedimientos estéticos utilizados en los Estados Unidos son no quirúrgicos, según cifras de la American Society of Aesthetics Plastic Surgery (ASAPS); y dentro de ellos, el 62% corresponde al uso de Botox® y Ácido Hialurónico.

En nuestro país, esa estadística se cumple para casi todos los médicos estéticos. Ambos productos se convirtieron en una herramienta a la que recurren hombres y mujeres de todo el mundo, hace ya varios años.

Pero lo que pocos saben son la cantidad de usos estéticos que estas sustancias tienen (aunque también se usa mucho en patologías médicas).

El Botox es el nombre comercial de la Toxina Botulinica Tipo A, y fue inicialmente aprobado para tratar dos patologías oculares: estrabismo y blefaroespasmo, luego fue prescrito en el tratamiento contra la distonía cervical, un desorden neurológico del movimiento que causa la rigidez del cuello.

Hoy es mundialmente famoso por su uso en estética, por ser capaz de borrar o atenuar, al menos temporalmente, las arrugas de expresión (arrugas frontales, del entrecejo, patas de gallo, etc), brindando al rostro una apariencia vital y más joven.

Su efecto radica en la capacidad de provocar una relajación muscular sectorizada, capaz de atenuar o borrar las arrugas dinámicas (aquellas arrugas que se producen con la gesticulación).

Actualmente la demanda es tanto de hombres como mujeres, con un amplio rango de edades; algunos buscan evitar la aparición de arrugas, otros atenuarlas, mientras que también hay personas que buscan el modelado de las cejas.

Por otra parte, el ácido hialurónico es un polisacárido natural y uno o de los ácidos mucopolisacáridos que se encuentran en la sustancia fundamental entre las células de la piel.

El entrecruzamiento de la cadena de ácido hialurónico llena los espacios interfibrales del gel colágeno provocando la retención de agua, como si se tratase de una esponja molecular. Su capacidad de retener agua, desarrolla una eficaz acción: reconstituye las fibras que sostienen los tejidos de la piel, brindando no sólo volumen, sino también hidratación.

Es absolutamente puro, estéril; por lo tanto al ser un componente habitual de la piel, no presenta riesgos de ocasionar alergias ya que es totalmente biocompatible.

Existen diversos usos, algunos tienen como fin tratar las arrugas estáticas (aquellas arrugas que están presentes aunque no gesticulemos), otros recuperar el volumen de determinadas áreas faciales, tales como los pómulos, labios; o simplemente con el objetivo de lograr una mejor hidratación cutánea.

La combinación de ambos productos puede retardar la indicación de un rejuvenecimiento quirúrgico, o en muchos casos complementarlo, ofreciendo siempre resultados naturales. Es lo que hoy llamamos “Soft Lift”.

Sin embargo, no hay que dejar de tener presente el cuidado que debe tenerse en su aplicación, la cual debe ser realizada, sin excepciones, por un profesional médico idóneo.

Como decíamos, ambos productos se pueden utilizar para el rejuvenecimiento facial, pudiéndose tratar con ellos:

• El delineado, aumento y proyección de labios
• Las arrugas finas perilabiales
• Las arrugas frontales
• Las arrugas del “enojo” (interciliares)
• Los surcos nasogenianos
• Los surcos de “marioneta”
• El aumento de pómulos
• El aumento de mentón
• El delineado mandibular
• La elevación de cola de cejas
• Las arrugas de pata de gallo
• Bioplastia nasal, entre otras.

Por: Dr. Fernando Felice, Cirujano Plástico / Director  Centro de Estética Vesalio
http://www.vesalioestetica.com.ar

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