insuficiencia venosa

Las piernas cansadas, la dificultad para permanecer de pie y los tobillos hinchados son signos que anuncian la insuficiencia venosa de las piernas. El modo de vida actual, unido a predisposiciones individuales (hereditarias, de sobrepeso), agrava este problema, que afecta al 30% de la población, un 50% de la cual son mujeres.

Eso significa que es una disfunción que sufren muchos de tus clientes y que necesitan buenos consejos para combatirla. Una vez más, debes ser capaz de responder a sus preguntas y de ofrecerles tus mejores tratamientos.

Para comprender mejor el problema de la insuficiencia venosa y conocer las soluciones para prevenirla y tratarla, te proporcionamos una completa información que te ayudará a aconsejar mejor a tus clientes. Y si lo que necesitan es un alivio inmediato, proponles el drenaje venoso, cuyo procedimiento te explica el doctor Di Menza.

El sistema venoso

Las venas conducen al corazón la sangre de los capilares distribuidos por todo el cuerpo. Su pared interna está provista de válvulas que sólo permiten el paso del fluido sanguíneo en una dirección e impiden su reflujo.

Las venas cumplen tres funciones capitales en el organismo:

-Regular el retorno sanguíneo hacia el corazón.

-Oponer resistencia a la gravedad.

-Participar en la termorregulación del cuerpo.

Regular el retorno sanguíneo

El sistema venoso contiene cerca del 70% del volumen sanguíneo. La circulación en las venas es relativamente lenta, y la presión, siempre débil. Sus paredes extensibles pueden contraerse o distenderse considerablemente para variar el flujo sanguíneo en función de diversos factores: posición de la persona, actividad física, factores externos, etcétera.

La distensión de las venas resulta de la presión ejercida por las contracciones musculares y de la presión de la sangre en el interior de la vena.

Algunas señales patológicas permiten descubrir la insuficiencia venosa:

-Cansancio de las piernas, frecuentemente asociado a calambres y hormigueo;

-Aparición de pequeñas venas azuladas (telangiectasias) y de varices antiestéticas.

El conjunto de estas manifestaciones constituye el síndrome prevaricoso, que no significa necesariamente la aparición de varices.

Factores agravantes

Los antecedentes familiares y la fragilidad valvular por deformación congénita son los factores principales de insuficiencia venosa contra los que no es posible ninguna prevención. La única posibilidad, en estos casos, es retardar sus efectos y lentificar su evolución redoblando las precauciones.

Otras situaciones que pueden favorecer esta enfermedad crónica son:

-Permanecer de pie mucho tiempo y dar pequeños y constantes pasos en un espacio reducido (dependientes de comercio, por ejemplo).

-Vida sedentaria, falta de ejercicio.

-Embarazo

-Todas las formas de calor.

-Prendas de vestir ceñidas, tacones demasiado altos o bien muy planos.

-Obesidad, alimentación rica en grasas y alcohol, tabaco.

-Algunos medicamentos (contraceptivos orales, psicotrópicos, excitantes).

-Modificaciones de la pared venosa (embarazo, menopausia, envejecimiento).

 

La insuficiencia venosa

Cuando las paredes venosa y linfática pierden tonicidad, el retorno venoso es más lento y la sangre se estanca en los capilares de las piernas causando cansancio y la aparición de edemas. Las piernas se hinchan y se vuelven sensibles.

Por otra parte, la modificación de la estructura de la vena puede conducir a una dilatación de la misma, parcial pero definitiva, formando una varice. La mejor forma de alivio consiste en mantener levantadas las piernas por encima del nivel del tórax con la mayor frecuencia posible.

Los trastornos hormonales alteran igualmente el sistema venoso (embarazo, menopausia, contraceptivos) y modifican la pared de la vena produciéndole pérdida de elasticidad y adelgazamiento, además de fragilizar las válvulas. La viscosidad de la sangre también está sometida a las variaciones hormonales.

Soluciones

Prevención e higiene de vida

No dejes de recalcar a tus clientes que la prevención es el mejor de los tratamientos. Una información a tiempo y una buena higiene de vida pueden, en la mayoría de los casos (no hereditarios), ser suficientes: aconseja a tus clientes que hagan ejercicio físico, que adopten una alimentación sana y que eviten las fuentes de calor. Otra de las medidas obligatorias es prevenir el sobrepeso y el estreñimiento.

Estas prácticas elementales mejoran el trabajo cardiaco, el mecanismo respiratorio y la contracción de los músculos de las piernas para favorecer un mejor funcionamiento del sistema venoso.

Las obligaciones profesionales pueden imponer a tu cliente una posición de pie inmóvil. La contención elástica aporta en este caso la compensación a la falta de contracción externa venosa.

Oponer resistencia a la presión de la gravedad

En posición tendida, la presión hidrostática es regular, mientras que cuando se está de pie, por el contrario, se producen variaciones importantes de dicha presión entre las zonas altas y las zonas bajas del cuerpo. La gravedad aumenta la presión venosa en las piernas, haciendo que el retorno sanguíneo tenga, al mismo tiempo, que luchar contra esta presión y recorrer la distancia que va de los pies al corazón. Este trabajo es realizado por el sistema venoso profundo, que también hace las veces de depósito de llenado en el corazón y adapta el flujo sanguíneo al esfuerzo.

Participar en la termorregulación

El sistema venoso influye también en la regulación de la temperatura cutánea. Esta función es cumplida esencialmente por las venas superficiales, visibles a flor de piel, donde forman una malla azulada. Un enfriamiento local produce la reducción del calibre de las venas superficiales para minimizar la pérdida de calor. Por el contrario, las venas se dilatan por efecto del calor, aumentando de este modo la superficie de intercambio térmico con el exterior. Finalmente, las venas perforantes permiten la comunicación entre las venas superficiales y las profundas.

Contención elástica

Este sistema ejerce una acción inmediata particularmente eficaz. Las medias y pantys de contención favorecen el retorno venoso por la presión decreciente de su malla, de abajo a arriba, y ayudan a la actividad venosa en el momento en que el esfuerzo de ésta es más intenso.

Las medias y los pantys han de llevarse desde la mañana hasta la hora de acostarse. La regularidad de su uso aporta un alivio importante al cansancio de las piernas y a los edemas. En los estados prevaricosos, basta con una contención ligera.

El drenaje venoso

Vena y vaso linfático forman una unidad inseparable en la circulación de retorno.

Los sistemas venoso y linfático están estrechamente relacionados entre sí y se comunican en algunos puntos de sus trayectos. Esas conexiones dan una gran flexibilidad de funcionamiento al conjunto, al tiempo que cada sistema mantiene un papel determinante:

-Reabsorción de las proteínas para el vaso linfático;

-Reabsorción de los líquidos para la vena.

Ambos son complementarios y, en caso de desbordamiento o de insuficiencia de uno de ellos, la mutua compensación permite restablecer el equilibrio circulatorio. Por esta razón, no existe ninguna insuficiencia aislada, ya sea venosa o linfática.

La insuficiencia circulatoria de retorno es siempre más o menos global. En caso de fallo del sistema linfático, se produce una lentificación en el sistema venoso, e inversamente.

Ahora puedes comprender por qué en caso de insuficiencia de la circulación de retorno es preciso combinar el drenaje venoso con el linfático.

El drenaje linfático

Este drenaje consiste en un gesto simple que se practica antes de pasar al drenaje linfático. La depresión creada por el vaciado líquido de los grandes troncos venosos estimula indirectamente el bombeo linfático del líquido intersticial, que a su vez facilita el avance de la linfa así formada y, por consiguiente, la disminución de la estasis.

Técnica

-El drenaje de las venas empieza con el vaciado de la suela venosa de la planta del pie. Con tu cliente tendida boca arriba y el pie en posición casi vertical, ejerce una serie de 20 presiones con ambas manos en la planta del pie.

-Continúa el drenaje venoso procediendo al vaciado de la vena safena interna del mismo lado. Como en el drenaje linfático, la maniobra, aunque firme, debe ser bastante ligera para no aplastar el vaso. Tu mano debe deslizarse por todo el trayecto de la vena safena interna, desde el tobillo hasta la ingle -donde esta vena desemboca en otras más profundas-, en el sentido de la corriente venosa, efectuando con las yemas de los dedos una presión constante pero moderada. Repite 20 veces esta maniobra.

-A continuación deberás drenar la safena externa. Toma la pierna con la mano derecha y desliza el pulgar hasta su faz posterior ejerciendo presión en todo el trayecto de la vena safena externa, desde el tobillo hasta el hueco poplíteo, pasando por la parte media de la pantorrilla, y siguiendo la dirección de la corriente venosa. Repite 20 veces esta maniobra.

-Practica seguidamente el drenaje venoso de la otra pierna repitiendo las maniobras anteriores.

Este drenaje produce un alivio inmediato en las personas que sufren cansancio de piernas e hinchazón a causa del calor o de permanecer de pie durante mucho tiempo.

 

Fuente Cosmo Belleza

Compartir

Dejar respuesta

*