Las cicatrices se componen por tejido conectivo y son parte del proceso reparativo normal de la piel, cuando por una herida o por una enfermedad se daña la dermis de la misma. Para que la cicatriz se produzca es necesario que se haya lesionado la capa basal de la epidermis.

La forma y tamaño de una cicatriz depende de la destrucción inicial. Las cicatrices pueden ser finas y atróficas, o grandes e hipertróficas como los queloides;  su superficie puede ser lisa o rugosa;  al inicio son violáceas pero con el tiempo se vuelven más claras y brillantes. Hay zonas del cuerpo, como la parte anterior del tronco, que son más propensas a formar cicatrices.

Existen muchas enfermedades que pueden dejar cicatriz, como el acné, el lupus discoide,  el liquen plano, entre otras. En cada una de ellas la cicatriz tiene su propia característica.

Las cicatrices en el acné se presentan por lo general en los casos rebeldes; pueden ser atróficas, hipertróficas y queloides. En las atróficas hay pérdida del tejido y son de dos tipos: las que se pierden o desaparecen cuando se estira la piel, y las que no; entre estas últimas están la llamadas cicatrices en “pica hielo”, posiblemente son las más difíciles de tratar. La cicatriz hipertrófica es aquella elevada que no supera los límites de la lesión primaria, mientras que los queloides, superan ese límite y crecen sin control por la desorganización del tejido fibroso.

Trastornos psicológicos como ansiedad y disminución de la autoestima suelen presentarse en los pacientes con acné y especialmente cuando hay cicatrices. Es importante conversar con el paciente acerca de sus expectativas, si son muy altas el tratamiento no será satisfactorio.

En los últimos años se ha progresado mucho en el tratamiento de las cicatrices por acné, lo importante es determinar el tipo de cicatriz. Las cicatrices hipertróficas y los queloides pueden tratarse con corticoides intralesionales, parches de silicona, crioterapia, laser y resección quirúrgica. En las cicatrices atróficas lo importante es  valorar si al estirar la piel las cicatrices desaparecen, o no desaparecen. En el primer caso, una técnica que remueve la fibrosis suele mejorar el aspecto, así como también el laser no ablativo. Cuando no desaparecen,  el levantamiento con sacabocado es la técnica de elección.

Los peeling químicos (ácido tricloroacético 30-40%; el ácido glicolico 70%); la dermabración;  y el laser ablativo (“resurfacing”) también pueden emplearse y mejoran especialmente a las cicatrices atróficas. Aunque definitivamente la combinación de técnicas obtiene los mejores resultados, no se puede olvidar de considerar la edad, la raza y el tipo de piel del paciente.

Dra. Gilda Zurita – Dermatóloga
Página web: http://www.dragildazurita.com
E-mail: mdgiloren@yahoo.es

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